martes, 24 de septiembre de 2013

Cigüeñas negras de paso por Gijón

Era mi segunda visita al embalse de San Andrés de los Tacones, aunque casi se podría considerar la primera. La anterior fue una excursión con el colegio, hace tantos años que el recuerdo es muy borroso y, con el paso del tiempo, la imagen que se había ido asentando en mi mente de este lugar era la que veía desde la autopista "Y" cada vez que pasaba junto al embalse. Pero con una visita a pie de campo, los lugares siempre se ven de otra manera.

Acudí con la idea de conocer el sitio, explorar los caminos para recorrerlo y, claro, echar un ojo de las aves que había por allí. En un primer vistazo descubrí un grupo de cormoranes grandes y buenos números de zampullín común y somormujo lavanco. De éstos últimos, un bando de 19 individuos, el más grande que había visto de esta especie en mi corta carrera de ornitólogo aficionado.

Sin saber muy bien por donde ir, mis expectativas no eran muy altas... pero la sorpresa llegó al asomarme a un estrecho camino de tierra, desde el que pude identificar en la lejanía a tres ejemplares inmaduros de cigüeña negra (Ciconia nigra) que descansaban tranquilamente de su largo viaje migratorio.




Al contrario que sus parientes de color blanco, los ejemplares de esta especie son muy tímidos y tienden a mantenerse alejados del ser humano refugiándose en los bosques, lo que hace complicada su observación. Además, sólo se dejan ver por el norte de España en determinadas fechas, cuando cruzan los Pirineos en su trayecto hacia el sur, que se ve interrumpido de vez en cuando para descansar en lugares húmedos, como en esta ocasión.



Su descanso, al igual que mi intento de acercamiento entre la vegetación, fue interrumpido por un helicóptero de la DGT que las asustó. Al menos llegué a tiempo de poder verlas durante un par de minutos.



Permanecieron en el aire el resto del tiempo que estuve allí. Por momentos se alejaban tanto que las perdía de vista, pero se quedaron cicleando en torno al embalse, sin intención aparente de querer alejarse.


¡¡¡Buen viaje!!!

viernes, 16 de agosto de 2013

Pequeño paraíso en el río Parada

Un paradisiaco lugar, que además forma parte del selecto grupo de los que no se masifican un domingo soleado de agosto (incluso puede no haber nadie), es el que protagoniza el río Parada a su paso por el municipio pontevedrés de A Lama.



Su cauce rocoso de formas caprichosas invita a pasar un largo rato de relax a remojo en sus cristalinas (y nada frías) aguas.




Los pequeños saltos de agua y piscinas naturales forman un spa al aire libre donde los sonidos predominantes son los que producen la propia corriente de agua y las aves que habitan en el bosque de ribera anexo. Todo un lujo al alcance de todos.




lunes, 12 de agosto de 2013

El ánsar chico de Cecebre y otros más habituales

Las visitas ornitológicas a Cecebre suelen ser mucho más interesantes en invierno, cuando la variedad de especies es mayor debido a los ejemplares que llegan procedentes del norte de Europa. No obstante, el lugar es atractivo para las aves y las visitas inesperadas pueden ocurrir en cualquier momento.

Eso es lo que ha pasado con el ánsar chico (Anser erythropus) que lleva ya unos cuantos días en el embalse y que fue localizado previamente por Damián Romay y Xabi Varela, ornitólogos apasionados de los que, como aficionadillo que soy, aprendo cosas día tras día.



Este bonito ejemplar se ha integrado en un grupo heterogéneo de anátidas habituales en la zona, formado por ánades azulones y otras especies de ánsares. En ocasiones también he visto alguna barnacla unida al bando. El comportamiento de muchos de ellos, incluido el ánsar chico, es mucho más tolerante de lo habitual con la presencia de humanos cerca, lo que, unido a la época del año en que nos encontramos, plantea grandes dudas de que sea un ejemplar nacido en plena naturaleza.



El tiempo veraniego y la tranquilidad del lugar invita a dar buenas caminatas por la zona y disfrutar de la observación de otros moradores más comunes en la zona. En esta ocasión, el buitrón (Cisticola juncidis) y el somormujo lavanco (Podiceps cristatus) fueron los que se me pusieron a tiro.





Por su parte, los cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo) que no han emigrado seguían en sus posaderos favoritos.



Y al caer la tarde llamó mi atención otro individuo, este de tierra firme, que me seguía con una mirada inquietante desde su palacio particular.




jueves, 8 de agosto de 2013

El parque de San Pedro se anima

A última hora de las tardes de verano el parque de San Pedro se anima y, a medida que los turistas se van retirando, la fauna del lugar va perdiendo la timidez.

En la charca se pueden observar muchos ejemplares de rana común o perezi en esta época. No croan con tanta intensidad como en primavera, pero a cambio, si no hay mucho jaleo a su alrededor, se muestran muy activas.




El clima bondadoso y la abundancia de insectos en esta época favorece a la población de aves del lugar. Durante estos meses, se puede disfrutar de la compañía de los zarceros políglotas (Hippolais polyglotta) que se mueven incesantemente por la zona de matorral.



Todas las especies aprovechan los meses calurosos para procrear. Así, no es difícil encontrarnos con algún juvenil que aún perfecciona sus técnicas de vuelo, como este petirrojo (Erithacus rubecula).


Uno de los más habituales del lugar a lo largo de todo el año es la tarabilla común (Saxicola torquatus). Aquí, una pareja con el macho:



Y la hembra:


No tan habitual, sino más bien toda una sorpresa para mí, fue la aparición sin previo aviso de este cuco común (Cuculus canorus). Su vuelo rápido, zigzageante y a baja altura me dejó hipnotizado durante un buen rato. Sólo conseguí fotografiarlo durante unos segundos que se posó en el camino. El barrado de su plumaje y la mancha clara en el píleo revela que se trata de un ejemplar juvenil en dispersión, que ya habrá abandonado el nido de sus padres adoptivos para buscarse un territorio en el que asentarse.



Aves aparte, el parque también es un sitio inmejorable para ver una buena muestra de la población de conejos que pulula por la zona.





No parece un mal lugar para vivir, al menos desde nuestra perspectiva humana.


Los hay de todos los tamaños y formas. A este le faltaban las puntas de las orejas:



Salen de sus refugios y siempre emergen con timidez de la vegetación más espesa. Poco a poco se van confiando y se aventuran en zonas más abiertas, pudiendo llegar a verse grupos bastante numerosos.



...hasta que llega un listo y azuza a su perro para que los persiga. Cosas de la especie humana, que tiene más peculiaridades que ninguna.

Y después de una jornada de relax y observación de fauna, el monte de San Pedro siempre regala una bonita puesta de sol.



Nunca hay dos iguales.