jueves, 17 de septiembre de 2015

Tiempo de cambios

Demasiado tiempo, unos meses ya, sin actualizar el blog. Como para los machos de ánade azulón, en las fotografías con su plumaje de eclipse, es una época de cambios para mí. Cambios que me están dejando poco margen de tiempo para hacer algunas cosas.



Pero seguiré disfrutando de la naturaleza y espero poder seguir compartiendo experiencias por este canal cuanto antes. ¡Saludos!

miércoles, 15 de abril de 2015

Las carretonas llegan con la primavera

La primavera ya está aquí en todo su esplendor y, desde hace varias semanas, animales y plantas se encargan de recordárnoslo con independencia del tiempo que haga. Una de estas especies que anuncia la llegada de la primavera es la Cerceta carretona (Anas querquedula).


Es una especie que siempre genera cierta expectación entre los aficionados a la naturaleza que nos movemos por estos lares, no sólo por su indiscutible belleza (especialmente en el caso de los machos), sino fundamentalmente porque sólo las podemos ver durante unos días al año.



Y es que, al contrario que otras anátidas, que pasan todo el invierno entre nosotros o en latitudes cercanas, las cercetas carretonas buscan lugares más cálidos en invierno y acostumbran a pasar esa época más al sur, llegando al continente africano o al sur de Asia la gran mayoría de ellas. Eso sí, en cuanto sienten la llegada de la primavera, ponen rumbo a sus zonas de cría en el norte de Eurasia, y en las paradas que hacen para descansar y reponer fuerzas en mitad de su largo viaje, se dispersan por nuestros humedales. Allí no podrán escapar de los incansables ojos de los ornitólogos más experimentados, que amablemente comparten sus avistamientos con los aficionadillos más novatos entre los que me encuentro.


El embalse de Sabón en un enclave agradecido para la fotografía, por sus reducidas dimensiones en comparación con otros. Allí pude capturar estas imágenes de una pareja de ejemplares. Espero que hayan podido coger mucha energía para llegar sanos y salvos a su lugar de cría y volver, ya cuando los días vuelvan a ser más fríos, acompañados de su descendencia.

martes, 17 de marzo de 2015

Más nutria

Una nueva jornada de campo en Cecebre, con buena compañía y tiempo primaveral (al fín!). ¿Qué más se puede pedir? Pues poco más, porque nada más llegar, una nutria (Lutra lutra) se dejaba ver relativamente cerca de donde estábamos.



Se dio un buen festín de cangrejos y peces, con los que parecía jugar antes de engullirlos.



Por unos instantes, se acercó a la orilla y la pudimos ver prácticamente de cuerpo completo, momento que aproveché para grabarle un video.


Luego volvió al agua y se fue alejando poco a poco, al mismo tiempo que detectábamos otro ejemplar mucho más lejos, casi en la orilla opuesta. Está claro que en Cecebre la población de nutrias goza de buena salud, pues allí encuentran comida abundante y fácil de obtener. Si no tenemos la suerte de disfrutar de una observación directa, no es difícil dar con el rastro de alguno de los ejemplares que viven allí.


En el apartado ornitológico, la mayor novedad la constituyeron las llegadas de los primeros milanos negros (Milvus migrans) y, en mucho mayor número, de golondrinas comunes (Hirundo rustica).


Cada vez es más habitual la presencia de garcetas grandes (Ardea alba). El pasado fin de semana había 6 ejemplares de esta especie tan elegante y tan tímida.


Entre los porrones moñudos (Aythya fuligula) seguía el solitario macho de porrón acollarado (Aythya collaris). La cercanía permitía apreciar con detalle sus rasgos distintivos: la forma de la cabeza, el color del pico y los flancos, o la cola puntiaguda que sobresale del agua.


No tardarán mucho en abandonarnos, pues tienen un largo viaje de retorno a sus territorios de cría. Me pregunto si el porrón de collar volverá a su América de origen o seguirá el mismo camino que sus parientes europeos.

Entre la vegetación, multitud de pequeños paseriformes alegraban la mañana con su colorido y sus cantos. En medio del laberinto de ramas, sólo el camachuelo común (Pyrrhula pyrrhula), gracias a que no es tan "culo inquieto" como los demás, acabó en mi tarjeta de memoria.



jueves, 26 de febrero de 2015

Los pitos reales del campus

En realidad, sólo pude retratar a este macho que se alimentaba en los prados de la Escuela de Caminos, uno de sus lugares favoritos.


Hay más ejemplares, pero son extremadamente tímidos y pasan desapercibidos casi todo el tiempo. Afortunadamente, su bullicioso reclamo a menudo delata su presencia, y me da la sensación de que en esta época son más ruidosos que nunca.



A pesar de que lo localizamos desde el coche y no salimos en ningún momento, éste nos miraba con recelo. Y en el momento en que detectó la primera silueta humana de un paseante, se apresuró a poner tierra de por medio.


Tenemos la suerte de que aún se puedan observar joyas como estos pitos reales sin necesidad de salir de la ciudad. Esperemos que en pocos meses, nuevas generaciones de ellos se dispersen por los prados y árboles de Elviña.

viernes, 6 de febrero de 2015

Comportamientos que sorprenden

Aprovechando que pasaba por la zona de Riazor, me asomé a echar un vistazo con el fin de observar, por primera vez este invierno, a los habituales correlimos oscuros (Calidris maritima). No fallaron. Fieles a su zona de invernada, allí estaban, en la estrecha franja que les queda entre los límites del mar y del cemento. Con la marea alta, siempre los localizo descansando en las mismas rocas. Siempre me ha llamado la atención este comportamiento de algunas especies de aves que, tras viajar miles de kilómetros, se quedan durante meses en un territorio tan pequeño.


Por la zona también es fácil ver a los confiados vuelvepiedras (Arenaria interpres) y, con un poco de suerte, algún zarapito trinador (Numenius phaeopus).




Al contrario que sus vecinos los correlimos oscuros, los vuelvepiedras se mueven mucho más por todo el perímetro costero, e incluso algún aventurero decide de vez en cuando adentrarse en la zona humanizada y cambiar su dieta de invertebrados marítimos por algún que otro insecto de los jardines urbanos. Pero lo que ya me sorprendió aún más fue ver a uno comiendo migas de galleta como si fuese una paloma.




Aunque para comportamientos extraños, los humanos no tenemos rival. Si el vuelvepiedras-paloma me había llamado la atención, aún más lo hizo un ejemplar de humano-cormorán que desafiaba los 8 grados de temperatura, el fuerte viento y el temporal marítimo. Con un par.



viernes, 30 de enero de 2015

A la segunda

En esta ocasión, los deseados ni siquiera nos hicieron esperar demasiado. En mi segundo intento de búsqueda de la pareja de pájaros moscones (Remiz pendulinus) que llevan ya casi un mes desde que fueron vistos por primera vez en Cecebre, éstos se portaron de maravilla y aparecieron en el lugar y hora previstos. Siempre inquietos, moviéndose sin descanso dentro del pequeño mar de espadañas que tanto les gusta, al principio pensé que iban a ser imposibles de fotografiar.


Sin embargo, su tolerancia a la presencia humana (e incluso perruna) es de agradecer, y una vez localizados se pueden observar a placer y, con paciencia, pasarán alguna que otra vez por delante del objetivo de la cámara.



Tanto es así que otros compañeros pajareros, más habilidosos y con buen material óptico, consiguieron leer parcialmente la anilla que porta uno de estos diminutos enmascarados. Más tarde, también pudieron ser capturados para una lectura completa de la anilla. Gracias a ello, sabemos que uno de ellos es adulto, el otro ha nacido en 2014, y que proceden de Suecia.


Es impresionante que estos pequeños seres de apenas 10 gramos puedan llegar a realizar un viaje tan largo y lleno de amenazas hasta llegar a nuestra tierra, lugar que en muy rara ocasión han visitado otros de su especie. Bienvenidos y mucha suerte en el viaje de vuelta.

lunes, 19 de enero de 2015

Guión alternativo

Hace pocos días, varios aficionados a las aves coincidimos en Crendes, donde en días anteriores habían sido observados dos ejemplares de pájaro moscón (Remiz pendulinus), una especie muy rara en la región. Y como suele ocurrir, en el campo casi nunca se cumple el guión establecido, pero casi siempre surgen escenas alternativas y se pasa un buen rato.

Un barrido visual al espacio natural de Cecebre desde el observatorio de Crendes revelaba la presencia de las aves habituales en las últimas semanas. Entre ellas, siempre hay una mención especial para el macho de porrón acollarado (Aythya collaris), divagante norteamericano que se ha establecido en el lugar para pasar el invierno asociado a un grupo de porrones moñudos (Aythya fuligula).


La misma estrategia ha adoptado un macho solitario de porrón común (Aythya ferina). Si bien es una especie considerada como invernante habitual, no se suele ver en grandes números, al menos en tiempos recientes. Curiosamente, en muchas de las fotografías que tomé, los ejemplares de estas especies diferentes se ubicaban en los extremos del bando de moñudos.


De pronto, una silueta diferente emergía a pocos metros de los patos. Resultó ser la juguetona nutria (Lutra lutra), que, rompiendo sus hábitos nocturnos, decidió que era el momento perfecto para darse un festín, bajo el sol de aquella tarde de domingo y delante de todos aquellos naturalistas.


El menú era poco variado: un cangrejo detrás de otro. Cangrejos de río de la especia Procambarus clarkii, americanos como el porrón acollarado, con la diferencia de que los crustáceos no han llegado aquí por sus propios medios. Depredadores voraces de muchos pequeños organismos autóctonos, son por el contrario presas fáciles para las habilidosas nutrias.





El mustélido realizó la misma operación varias veces. Sin duda se trataba de una rutina habitual. La víctima era llevada a la superficie y, sujetada con las extremidades anteriores, era devorada  por partes. Al mismo tiempo, la nutria realizaba graciosos movimientos girando sobre sí misma, no sé si debido a los inútiles esfuerzos de defensa por parte de los cangrejos, por pura diversión o simplemente como método para mantenerse a flote mientras comía.


Nos deleitamos un buen rato con la escena, tan representativa de lo que es un carnívoro oportunista, que se aprovecha de la abundancia de una especie invasora introducida por el hombre. Quizá estas nutrias, habitantes permanentes en Cecebre, consigan mantener a raya a la descontrolada población de cangrejos, responsables (que no culpables, pues la culpa la tiene el de siempre) de la gran alteración del ecosistema que han invadido, siendo presuntos contribuidores a la disminución o incluso la desaparición de algunas poblaciones de especies autóctonas. Cerca de allí, los porrones, cercetas y zampullines siguen a lo suyo, ajenos al favor que les está haciendo el mustélido, con el que probablemente también surjan tensiones en contadas ocasiones. La naturaleza busca reencontrar el equilibrio alcanzado tras miles de años de evolución, y que nosotros nos empeñamos en romper una y otra vez.